Texto de Joan Manuel Gisbert

Edelvives, Serie Ala Delta Azul

136pag
ISBN: 978-987-642-105-8

Un leñador, muy generoso y tan amigo de los árboles que es incapaz de cortarlos, recibe una semilla muy especial de un caballero: si antes de plantarla duerme doce noches con ella, tendrá un árbol del que brotarán unas flores; cuando esto suceda, su vida cambiará. Unos días después un recaudador de impuestos le visita, pero el leñador, que no recoge más que la leña que encuentra por el suelo, no puede pagar. Le dan tres días de plazo para saldar su deuda, y decide vender la semilla. En el mercado encuentra a un jorobado que le lleva hasta un palacio y lo encierra en él; junto con una mujer y un barquero. Estos dos últimos también son especiales: la mujer tiene una lagartija a la que duerme en su mano todos los días, y el barquero ha dedicado su vida a cruzar a gente de una orilla del río a la otra, a cualquier hora del día, incluso sin cobrar nada por ello. Todos se preguntan la causa del encierro, y terminan descubriendo que el nuevo rey los ha mandado llamar para que sean sus consejeros, como premio por sus cualidades excepcionales: el cuidado a los animales, a los árboles y el servicio desinteresado a los demás.

El Palacio de los Tres Ojos
$270,00
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Texto de Joan Manuel Gisbert

Edelvives, Serie Ala Delta Azul

136pag
ISBN: 978-987-642-105-8

Un leñador, muy generoso y tan amigo de los árboles que es incapaz de cortarlos, recibe una semilla muy especial de un caballero: si antes de plantarla duerme doce noches con ella, tendrá un árbol del que brotarán unas flores; cuando esto suceda, su vida cambiará. Unos días después un recaudador de impuestos le visita, pero el leñador, que no recoge más que la leña que encuentra por el suelo, no puede pagar. Le dan tres días de plazo para saldar su deuda, y decide vender la semilla. En el mercado encuentra a un jorobado que le lleva hasta un palacio y lo encierra en él; junto con una mujer y un barquero. Estos dos últimos también son especiales: la mujer tiene una lagartija a la que duerme en su mano todos los días, y el barquero ha dedicado su vida a cruzar a gente de una orilla del río a la otra, a cualquier hora del día, incluso sin cobrar nada por ello. Todos se preguntan la causa del encierro, y terminan descubriendo que el nuevo rey los ha mandado llamar para que sean sus consejeros, como premio por sus cualidades excepcionales: el cuidado a los animales, a los árboles y el servicio desinteresado a los demás.